Vanity Dust

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Sold Out literario

Si en todo esto de la llamada escritura digital hubieses encontrado un modelo de negocio, ahora serías un gilipollas con suerte y una agenda un poco más apretada. Pero como te decantaste por el techno y el trasnochar indebidamente, en especial atendiendo a tu selecta y poco habitual condición de salud mental, te toca ir acumulando una serie de trágicos golpes del destino que, además de merecer, parece que estabas deseando. En algún momento cambiaste la etiqueta del escritor sin mucho que perder y poco que ganar por la de fucker de media hostia, y fue divertido, claro que sí, pero si la ley de la gravedad tiene algo que decir en todo esto es que los graves siempre acaban ganando la partida, si no no te gustaría el techno y te decantarías por otro tipo de sonido, más etéreo, más llevadero y light.

Dicho esto, como bien sabes por advertencia de expertos, que todo te la sude un poco es normal, hay que lidiar con eso, muy a tu pesar. Tú, que eras alguien que respiraba a través de los tiempos, que vivía aferrado a la última ola del cambio, que soñaba más allá de las crisis con un grande y amazing porvenir. Tú, sí, tú, te dejaste en la cuneta la escritura desinteresada y la enajenación literaria pasó a mejor vida y, con ello, perdiste precisamente la espontaneidad que tanto echas de menos ahora. Si no fuese por la electrónica, te hubieses quedado pálido del todo, sin una vida más que cambiar, sin una noche más que abrasar enfrente de la pantalla. Asumir la derrota es condición sine qua non para volver a divertirse, o recordar de qué lado has estado siempre y cuál es, en realidad, el que nunca te ha fallado. De las pocas expectativas se puede esperar grandes cosas, de las grandes esperanzas solo cabe esperar gigantes desilusiones. De ahí que, track a track, día a día, entre combos farmacéuticos legales y alguno que otro no tan bien visto por la mayoría de la sociedad, pasas los días intentando aprender a envejecer, a molar desde la distancia, a abrazar la bendita senda del perdedor, que lo es no porque ha tenido, sino porque ha perdido y ha aprendido a perder. Y eso, queridos amigos y amigas, es otro tipo de victoria: el de la propia narrativa que se retroalimenta a pesar de los vaivenes, que nunca se acaba de extinguir porque sabe que no ha acabado de contar. Que no se contenta porque todavía tiene pérdidas que sumar y aspavientos que dilucidar. Quién sabe y cómo, quién sabe y con quién, quién sabe y por cuánto. Es en este insondable misterio donde se cuece la agenda de los que no tenemos modelo de negocio y, por ende, de los que no tenemos prisa por vender. Aunque, cómo no, a quién no le gusta cómo suenan las palabras Sold Out.